Las palabras, a veces duelen más que cien navajas.
Puñaladas, que en forma de malentendidos,
crean abismos, niebla el cielo, y hieren dentro.
Cuántas veces nos habrán puteado,
los fantasmas del pasado.
Cuántas veces habremos perdido,
personas, batallas e hilos de algún estúpido argumento,
y a nosotros mismos.
Cuántas veces la decepción ha llegado,
te ha pisado, y tú en el suelo, sin mover un dedo.
Cuántas veces la hemos cagado..
Cuántas veces nos han defraudado..
Son sólo las sombras de pensamientos grises,
que desquebrajan sentimientos amarillos,
y decoloran todo lo que ha sido.
Las palabras, los hechos..
arma de doble filo que nos abre en canal, nos cambia, y nos resabia.
Nacemos llorando, y aprendemos a base de llanto.
Nos vamos callando, y el silencio es lo que más habla de nosotros.
Ante cada puñalada, hay cura
pero su jodida cicatriz, perdura, ley de vida.
Somos personas, y no tenemos un botón de resetear que alivie el daño.
Somos personas, y la cagamos. Perdonamos, pero.. ¿olvidamos?
Sólo los más necios nos emperramos, en seguir luchando,
por mantenernos vírgenes al jodido frío que se instala en la mirada.
Porque el silencio, a veces,
cuenta más que mil palabras
y las palabras, a veces duelen más que cien navajas.

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