lunes, 23 de enero de 2017

Viajar lejos

Viajar lejos.

Lejos donde el alba no me encuentre,
y nadie me conozca.

Pasear por orillas diferentes, desconocidas.

Tirar la colilla del pasado que ya me he fumado,
y dejar de fumar para siempre.

Y digo siempre, 
porque siempre será la única promesa,
con sentido,
que susurrarán mis labios,
con un hilo de voz apagado,
cuando mis pupilas verdes, 
reflejen el sol de un nuevo amanecer.

Mientras tanto, 
lo que daría por viajar lejos,
joder, muy muy lejos.

A ese lugar donde dije tantas veces que me iría,
que los que me conocen saben de sobra que me encantaría,
donde la playa se mezcla con la nieve,
y las estrellas destellan en cielos inolvidables.

Y aunque haga ese viaje sola no me importaría,
pues me alejaría, 
de cada insignificante palabra,
que mi puta cabeza se llego a creer,
y que creyó conocer.



Y entonces, por fin, comenzaré a renacer.

Mientras tanto, ese viaje no tiene billete.

Ni mi cabeza dos dedos de frente.

Y yo mientras, dando pasos y pasos al frente.

Tumbos indiferentes.

Y voy tratando de averiguar la forma y el camino,


de viajar desde este lado de la cuidad, sin moverme,
sin estar demasiado ausente, mientras cojo el tren hacia mi destino.

                                                          
                                                                            Ojalá, lejos de lo que conocía como ello.








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