miércoles, 1 de febrero de 2017

Libertad

Solía preguntarme si existía, 
solía maldecir dónde se escondía.
Simplemente, estaba buscando el momento perfecto,
para que yo retirara su velo, y la hiciera mía.

Desangré las cadenas de no,
añadiendo a ese lienzo un porqué delante,
colocando un interrogante detrás,
que afirmaba más que preguntar.

Borré las pesas que me retenían,
y me dibujé las alas.

Me conocí por dentro, 
y aprendí a volar, paso a paso,
sin mirar atrás.

Escogí la libertad, 
como forma de vida,
y la empecé a cultivar,
bajo la tierra de la herida,
que me hizo florecer,
y no sentirme jamás sola o desprotegida.

Poco a poco, 
fui acostumbrándome a la monotonía,
y la incertidumbre placentera,
de mi propia compañía.

Aprendí a saltar de alegría,
a romperme la camisa,
a lamerme las heridas,
y a ser libre, plenamente, cada día.

Comprendí que aceptarme, respetarme, liberarme, quererme y escucharme,
era primordial en mi relación más importante.
La que comenzó cuando nací y terminará cuando me toque partir.

Pues la libertad, empieza por liberarse uno mismo de todo,
y respetar el vuelo de los otros.

Ahora, me juro amor y libertad al mismo tiempo.
Me prometo alas a mis propios sueños.
Intentaré sonreír por todo, cada día.
Lograré cuidar como se merecen, 
a mi corazón, mi interior y mi cuerpo,
pues ahora y siempre, son y serán los dueños....

Y nunca fui tan feliz, conmigo misma,
como el día que decidí tatuarme en el corazón,
con letra de melodía,
y con sonido de poesía,
el nombre de libertad...

Fue una decisión, una actitud,
la mejor forma que adoptó mi vida.


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