Solía preguntarme si existía,
solía maldecir dónde se escondía.
Simplemente, estaba buscando el momento perfecto,
para que yo retirara su velo, y la hiciera mía.
Desangré las cadenas de no,
añadiendo a ese lienzo un porqué delante,
colocando un interrogante detrás,
que afirmaba más que preguntar.
colocando un interrogante detrás,
que afirmaba más que preguntar.
Borré las pesas que me retenían,
y me dibujé las alas.
Me conocí por dentro,
y aprendí a volar, paso a paso,
sin mirar atrás.
Escogí la libertad,
como forma de vida,
y la empecé a cultivar,
bajo la tierra de la herida,
que me hizo florecer,
y no sentirme jamás sola o desprotegida.
Poco a poco,
fui acostumbrándome a la monotonía,
y la incertidumbre placentera,
de mi propia compañía.
Aprendí a saltar de alegría,
a romperme la camisa,
a lamerme las heridas,
y a ser libre, plenamente, cada día.
Comprendí que aceptarme, respetarme, liberarme, quererme y escucharme,
era primordial en mi relación más importante.
La que comenzó cuando nací y terminará cuando me toque partir.
Pues la libertad, empieza por liberarse uno mismo de todo,
y respetar el vuelo de los otros.
Ahora, me juro amor y libertad al mismo tiempo.
Me prometo alas a mis propios sueños.
Intentaré sonreír por todo, cada día.
Lograré cuidar como se merecen,
a mi corazón, mi interior y mi cuerpo,
pues ahora y siempre, son y serán los dueños....
como el día que decidí tatuarme en el corazón,
con letra de melodía,
y con sonido de poesía,
el nombre de libertad...
Fue una decisión, una actitud,
la mejor forma que adoptó mi vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario