Mi corazón,
estriado y demacrado,
late lento por si acaso,
algún imprevisto le termina de matar de un susto,
o de amor, que es casi lo mismo.
Ha aprendido a respirar despacio,
para pasar desapercibido,
guardar sonrisas para sus médicos,
y cuando está solo,
se tapa hasta arriba,
poniéndose en huelga de seguir latiendo.
No ha aprendido todo lo que debería,
aunque latidos ha tenido de sobra.
Latió con demasiada fuerza en su juventud,
y aún así, ahora,
con más ganas de brotar que la sangre que lleva,
se esfuerza,
por seguir contrayéndose de penas,
por seguir contrayéndose de penas,
y estirándose con logros.
Tuvo un pasado hipocondríaco,
y aprendió del daño,
pues se rajó por dentro,
y a golpe de agua de lluvia,
e hilo se tuvo que coser hasta remendar,
todos esos agujeros negros e infinitos,
que nacieron del amor proyectado, efímero, callado..
olvidado.
olvidado.
Nadie pudo imaginar,
el dolor de aquel sangrante corazón,
tras recibir puñaladas a contrarreloj.
Algo murió,
y algo nació de ese viejo y agujereado corazón.
Y algún día brotarían de él las flores más hermosas,
y entre ellas, una rosa.
Y del ayer,
a consecuencia del hoy,
y por un mañana,
crecerá sin espinas,
infinita,
roja,
frágil,
inquebrantable,
roja,
frágil,
inquebrantable,
invencible,
valiente, suave, dura..
valiente, suave, dura..
Esa rosa que nacerá del pecho,
clavándose dentro,
sin lastimar,
sin lastimar,
que riega del amor que emanas,
ese amor que desprendes,
ese amor con el que endulzas,
ese amor con el que endulzas,
con el que eres,
con el que vuelas,
y con el que haces volar.
y con el que haces volar.

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