domingo, 4 de junio de 2017

Por tanto, y por tan poco.

Hemos traspasado la barrera del sonido,
y hemos adormecido la velocidad de la transición de imágenes en nuestra cabeza,
prefiriendo llenarnos de las que entran por nuestros ojos,
prefiriendo la certeza del aquí y ahora,
que son nuestro eterno presente.

Salpicamos la música que nos enciende por dentro,
y siempre habrá un par de canciones,
que argumenten la banda sonora de nuestras debilidades al saludar la luna,
y desplieguen energía a nuestras mañanas.

Somos vida.
Somos únicos.
Eternos e increíbles.

Pues tenemos la capacidad de nacer, 
crear,
y dejar en la tierra aquello que hemos logrado,

Nos dejamos a nosotros mismos tras los cristales de las vitrinas de sueños conseguidos.

Y los miedos, 
aunque se reproducen mueren, 
cuando creces, 
y ya no te da miedo mirar debajo de la cama por si te decepcionas,
y nadie te abraza las pesadillas,
porque tú mismo has aprendido a combatirlas.

Porque la meta más alta del ser humano, 
es ser capaz de ser grande con poco, 
estar acompañado estando solo, 
y de la soledad crecer, y aprender, 
y querernos hasta rabiar, 
para que cuando alguien nos quiera sepamos verlo, 
y para cuando alguien no lo haga sepamos ponerle fin, 
para que cuando alguien nos acompañe saber valorarlo,
y para cuando tome un camino distinto, 
saber dejar ir.

Después de todo, si aprendemos, no necesitamos. 
Si vivimos, ya estamos haciendo suficiente. 
Si amamos, es una suerte. 

Pero ante todo es imprescindible llenarnos de nuestra propia vida, 
liberarnos,
y crecer de las experiencias que en un futuro, 
adornarán la sabiduría que derrocharas al sonreír por tanto, 
y por tan poco.


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